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Pasado y presente de Segovia

Segovia es una ciudad histórica construida a lo largo del tiempo por las personas que la han habitado. Desde sus orígenes hasta la actualidad, su trazado urbano, sus monumentos y sus espacios públicos reflejan la forma en que distintas generaciones han sabido adaptarse al entorno y convivir en sociedad. Esta evolución constante ha dado lugar a una ciudad única, donde el patrimonio histórico y la vida cotidiana se integran de manera natural.

Conocer la historia de Segovia permite comprender mejor su identidad actual. Su desarrollo histórico, económico y artístico explica no solo la grandeza de sus monumentos, sino también el carácter de la ciudad y de sus habitantes. 

Este recorrido por el pasado y el presente de Segovia invita a descubrir una ciudad viva, patrimonio de todos, que sigue transformándose sin perder su esencia

Datos de interés

Historia de Segovia: pasado y presente de una ciudad Patrimonio de la Humanidad

La historia de Segovia es el resultado de siglos de convivencia, transformaciones y continuidad urbana. Situada en un enclave estratégico entre la meseta y la Sierra de Guadarrama, Segovia conserva uno de los cascos históricos mejor preservados de España, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1985.

Orígenes de Segovia: de la Antigüedad a la repoblación medieval

Los orígenes de Segovia se remontan a la época prerromana, con asentamientos celtíberos, y a una intensa romanización, cuyo símbolo más universal es el Acueducto de Segovia, uno de los monumentos romanos mejor conservados del mundo. La escasez de restos arqueológicos de época musulmana, unida a la abundancia y calidad de su patrimonio románico, refuerza la hipótesis de que la ciudad quedó prácticamente despoblada tras la invasión islámica.

La repoblación de Segovia comenzó a finales del siglo XI, impulsada por cristianos procedentes del norte de la península ibérica y de allende los Pirineos. Este proceso estuvo liderado por Raimundo de Borgoña, yerno del rey Alfonso VI, y por Pedro de Agen, primer obispo de la diócesis restaurada, sentando las bases de la ciudad medieval.

Segovia en la Edad Media: esplendor político, económico y cultural

Durante la Edad Media, Segovia vivió uno de los periodos de mayor prosperidad de su historia. La ciudad extendió su influencia sobre un amplio territorio organizado en la Comunidad de Ciudad y Tierra de Segovia, que abarcaba tierras a ambos lados de la Sierra de Guadarrama. Fue también un importante centro de convivencia cultural, con una destacada comunidad judía que acabaría concentrándose en la Judería.

En estos siglos se desarrolló una potente industria pañera, que alcanzó gran renombre en la Corona de Castilla, y el arte gótico dejó una profunda huella en iglesias, monasterios y conventos. Segovia fue además escenario de hechos clave de la historia de España, como la proclamación de Isabel la Católica como reina de Castilla, el 13 de diciembre de 1474.

Siglos XVI y XVII: palacios, nobleza y esplendor urbano

Durante los siglos XVI y XVII, familias aristocráticas y poderosos fabricantes de paños impulsaron la construcción de numerosos palacios urbanos, caracterizados por patios renacentistas, jardines interiores y una rica heráldica barroca. Este legado arquitectónico define hoy gran parte del casco histórico de Segovia y forma parte esencial de su atractivo turístico.

Decadencia y transformación: de las Comunidades al siglo XIX

La derrota de las ciudades castellanas en la Guerra de las Comunidades, en la que Segovia tuvo un papel destacado con figuras como Juan Bravo, marcó el inicio de un largo periodo de decadencia. A ello se sumó el desplazamiento del eje económico hacia el sur de España tras el descubrimiento de América.

Ni los Reales Sitios de La Granja de San Ildefonso y Riofrío, promovidos por los Borbones, ni la creación de la Academia de Artillería de Segovia lograron revertir completamente esta situación. El siglo XIX, marcado por la ocupación francesa y las guerras carlistas, acentuó el empobrecimiento y el estancamiento de la ciudad.

Segovia hoy: patrimonio, cultura y turismo

La falta de grandes transformaciones urbanas permitió que Segovia llegara hasta nuestros días con su trazado histórico y su arquitectura prácticamente intactos. A lo largo del siglo XX se inició un proceso de recuperación basado en la protección del patrimonio y el impulso del turismo cultural en Segovia.

En la actualidad, Segovia es una ciudad viva que combina historia, cultura y calidad de vida. Su oferta turística, su actividad cultural y universitaria, y su entorno natural hacen de Segovia un destino imprescindible para quienes desean descubrir qué ver en Segovia y conocer una de las ciudades históricas más bellas de Castilla y León

 

 

 

Segovia, ciudad Patrimonio de la Humanidad, es la capital de la provincia del mismo nombre y se encuentra en la Comunidad Autónoma de Castilla y León, en el centro de España. Su localización estratégica en el interior de la Península Ibérica la sitúa a tan solo 90 kilómetros de Madrid, lo que la convierte en uno de los destinos culturales y turísticos más accesibles desde la capital española, tanto en coche como en tren de alta velocidad.

La ciudad de Segovia se asienta a una altitud media de 1.005 metros sobre el nivel del mar, en un enclave privilegiado entre los valles de los ríos Eresma y Clamores, y a los pies de la Sierra de Guadarrama. Este entorno natural, unido a su elevada altitud, define el carácter paisajístico de la ciudad y contribuye a su singular identidad histórica y cultural.

Segovia se encuentra próxima a importantes localidades y enclaves turísticos de gran interés. A tan solo 11 kilómetros se sitúa La Granja de San Ildefonso, conocida internacionalmente por su Palacio Real y sus jardines monumentales. Muy cerca también se encuentran Torrecaballeros, destino destacado por su gastronomía tradicional, y Revenga, puerta de entrada natural a la sierra y referencia para el turismo de naturaleza y montaña. Esta cercanía permite al visitante descubrir fácilmente múltiples atractivos en el entorno inmediato de Segovia.

La provincia de Segovia es una de las nueve que conforman Castilla y León. Limita al norte con Burgos y Valladolid, al oeste con Ávila, al sur con Madrid y Guadalajara, y al este con Soria. Sus coordenadas geográficas se sitúan entre los 40º 46’ y 41º 35’ de latitud norte y los 3º 13’ y 4º 42’ de longitud oeste, abarcando una superficie aproximada de 6.949 km².

El relieve provincial presenta una gran diversidad, con altitudes que oscilan entre los 750 metros en el extremo noroeste y los 2.430 metros del Pico de Peñalara, el punto más elevado del territorio. Este contraste da lugar a paisajes de amplias llanuras, extensos pinares y fértiles valles fluviales. 

El clima de Segovia está condicionado por su ubicación en el interior de la Península Ibérica y por su altitud, superior a los 1.000 metros sobre el nivel del mar. Estas características configuran un clima continental de montaña, con cuatro estaciones bien diferenciadas, lo que permite disfrutar de paisajes y experiencias muy distintas a lo largo del año.

La primavera en Segovia es especialmente atractiva para el turismo, cuando la floración transforma parques, riberas y valles en un entorno lleno de color. El otoño, por su parte, ofrece uno de los momentos más bellos para visitar la ciudad, con los bosques y arboledas tiñéndose de tonos ocres, dorados y cobrizos, creando un paisaje ideal para pasear y disfrutar de la naturaleza y el patrimonio histórico.

Los inviernos en Segovia son largos y fríos, con frecuentes heladas y, en ocasiones, nevadas, lo que aporta un encanto especial a la ciudad monumental. Los veranos, aunque cortos, pueden registrar episodios de calor, especialmente en julio y agosto, si bien las temperaturas nocturnas suelen ser suaves gracias a la altitud, lo que favorece un descanso agradable para el visitante.

La temperatura media anual se sitúa actualmente en torno a los 10–11 ºC, mientras que la media del mes de agosto ronda los 20–21 ºC, aunque durante las olas de calor pueden alcanzarse valores más elevados de forma puntual. Las precipitaciones anuales se sitúan alrededor de los 500–550 mm, una cifra ligeramente superior a la de otras zonas del centro de la cuenca del Duero.

La proximidad de la Sierra de Guadarrama influye notablemente en las condiciones climáticas de Segovia, aportando mayor humedad, contrastes térmicos y una sensación de frescor en determinadas épocas del año. Este entorno natural cercano convierte a Segovia en un destino ideal para disfrutar tanto del turismo cultural como de actividades al aire libre en cualquier estación.

 

La ciudad de Segovia, capital de la provincia del mismo nombre, ha seguido una evolución demográfica propia, claramente diferenciada de la del resto del territorio provincial. Mientras muchas zonas rurales segovianas han sufrido despoblación, la capital ha mantenido una tendencia más estable, consolidándose como el principal núcleo urbano, administrativo y turístico de la provincia.

Durante gran parte del siglo XIX, Segovia experimentó un prolongado estancamiento demográfico, sin superar los niveles de población alcanzados a finales del siglo XVIII hasta el último cuarto del siglo. Este periodo coincidió con el inicio de la crisis agrícola y con un progresivo movimiento migratorio desde los pueblos hacia la ciudad, que marcó el comienzo de una nueva etapa de crecimiento urbano.

En las primeras décadas del siglo XX, la población de Segovia aumentó de forma continua aunque moderada. Sin embargo, durante los años de la Segunda República y la Guerra Civil, la ciudad vivió un crecimiento especialmente dinámico, con una tasa anual cercana al 3,3 %, impulsada por la llegada de población procedente del medio rural y de emigrantes retornados desde otras provincias.

Tras la década de 1950, aunque cambiaron los flujos migratorios, el crecimiento urbano de Segovia se mantuvo de forma sostenida hasta la actualidad. En las últimas décadas, la ciudad ha experimentado un desarrollo notable, ligado a su función administrativa, su cercanía a Madrid y su proyección como destino turístico y cultural, si bien este crecimiento ha sido moderado en comparación con el de otras capitales españolas.

En la actualidad, Segovia cuenta con una población de 51.011 habitantes, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE, 2023). La ciudad ocupa una superficie de 163,6 km² y se sitúa a una altitud media de 1.001 metros sobre el nivel del mar, factores que influyen tanto en su calidad de vida como en su atractivo para quienes la visitan o deciden establecerse en ella.

 

La economía de Segovia presenta un perfil claramente orientado al sector servicios, una característica común a muchas ciudades históricas con fuerte peso administrativo y turístico. A diferencia de otras zonas de España, Segovia no participó de forma intensa en el gran proceso de industrialización del siglo XX, manteniendo un modelo económico más equilibrado y vinculado a su función institucional, comercial y cultural.

El sector industrial, aunque minoritario, cuenta con áreas consolidadas como el Polígono Industrial El Cerro, creado en 1961 y considerado el principal núcleo industrial de la provincia. A este se suman otros espacios productivos cercanos a la ciudad, como el polígono de Hontoria, barrio integrado en el término municipal, y el de Valverde del Majano, que albergan pequeñas y medianas empresas vinculadas principalmente a la industria ligera, la logística y los servicios auxiliares.

En la actualidad, el sector servicios es el principal motor económico y de empleo en Segovia. Destaca especialmente el ámbito de la administración pública, que concentra una parte significativa de la actividad laboral gracias a la presencia de organismos de la administración central, autonómica, provincial y local. A ello se suman sectores como la educación, la sanidad, la seguridad y la defensa, que aportan estabilidad al tejido económico de la ciudad.

El comercio, fundamentalmente de carácter minorista, desempeña también un papel relevante, especialmente en el centro histórico y las principales zonas urbanas, contribuyendo a la vida diaria de la ciudad y a la experiencia del visitante.

En las últimas décadas, dos sectores han experimentado un crecimiento especialmente destacado. Por un lado, la hostelería y el turismo, impulsados por el atractivo patrimonial de Segovia —Ciudad Patrimonio de la Humanidad—, su cercanía a Madrid y el aumento del turismo cultural y gastronómico. Por otro, el sector financiero, con la presencia de sucursales y delegaciones de las principales entidades bancarias, que refuerzan el papel de Segovia como centro de servicios para la provincia.

En conjunto, la economía de Segovia combina tradición y modernidad, apoyándose en el turismo, los servicios públicos y el comercio, y ofreciendo un entorno dinámico tanto para quienes la visitan como para quienes desarrollan su actividad profesional en la ciudad.

 

De los comienzos a la repoblación

La arquitectura de Segovia es el reflejo de más de dos mil años de historia. Desde los primeros asentamientos prerromanos hasta los grandes proyectos neoclásicos, la ciudad conserva un trazado urbano y un conjunto monumental únicos, reconocidos con la declaración de Ciudad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO

Los primeros vestigios de ocupación humana en Segovia se remontan a la Edad del Hierro (siglo V a. C.), con restos de armas y los característicos verracos de la cultura celtibérica. La llegada de Roma marcará un punto de inflexión decisivo con la fortificación del espolón rocoso entre los ríos Eresma y Clamores y la construcción del gran símbolo de la ciudad: el Acueducto de Segovia.

Esta obra maestra de la ingeniería romana, construida entre los siglos I y II d. C., fue levantada con grandes sillares de granito sin argamasa. Su función era abastecer de agua a la ciudad, conduciéndola por un canal superior que atravesaba Segovia hasta las cercanías del Alcázar. Hoy es uno de los monumentos romanos mejor conservados del mundo y uno de los principales atractivos turísticos de España.

Tras la caída del Imperio romano, los visigodos se asentaron en la zona, consolidándose el Obispado de Segovia en el siglo VI. En el año 711, la invasión musulmana provocó el deterioro de la ciudad y la destrucción parcial del Acueducto. De esta etapa quedan escasos testimonios, ya que Segovia fue reconquistada definitivamente por Alfonso VI a finales del siglo XI, iniciándose un intenso proceso de repoblación cristiana.

El esplendor del románico segoviano

Entre los siglos XII y XIII, Segovia vive uno de sus periodos más brillantes desde el punto de vista urbanístico y arquitectónico, convirtiéndose en uno de los grandes centros del románico español.

 

 

Los siglos del románico

Segovia conserva uno de los conjuntos más importantes de arquitectura románica civil de España, especialmente concentrado en el barrio de las Canonjías, entre la iglesia de San Andrés y el Alcázar, y en el barrio de los Caballeros. Estas viviendas, construidas originalmente para canónigos y nobles, presentan una tipología muy definida: casas de piedra con bodega, dos plantas, desván, patio interior y huerto posterior.

El barrio de las Canonjías, conocido en origen como Claustra, se formó a comienzos del siglo XII tras la cesión de terrenos al cabildo catedralicio. Sus habitantes llevaban una vida casi monástica, aislados del resto de la ciudad mediante puertas, de las que hoy se conserva la puerta de la Claustra.

Estas casas románicas destacan por el uso de piedra caliza, adobe y tapial, patios interiores porticados —con clara influencia árabe—, bodegas excavadas en la roca y huertos con sistemas de canalización de agua, lo que demuestra un notable grado de confort y sofisticación para la época.

 

El románico religioso en Segovia, desarrollado entre los siglos XII y XIV, forma una escuela propia dentro del románico castellano. Iglesias como San Millán, San Martín, San Juan de los Caballeros, San Justo o San Lorenzo se caracterizan por sus atrios porticados, ábsides semicirculares, armaduras de madera y una rica decoración escultórica.

Mención especial merece la Iglesia de la Vera Cruz, situada en las afueras de la ciudad, de planta dodecagonal y clara influencia cisterciense, una de las construcciones más singulares del románico europeo.     

Gótico

El gótico en Segovia aparece de forma tardía y con fuertes reminiscencias románicas. Su máximo exponente es la Catedral de Santa María, conocida como la Dama de las Catedrales, iniciada en el siglo XVI bajo la dirección de Juan Gil de Hontañón. Se trata de una de las últimas grandes catedrales góticas construidas en Europa.

Durante este periodo también se desarrollan elementos platerescos, visibles en portadas y espacios interiores de edificios religiosos y asistenciales.

Renacimiento

A finales del siglo XVI, el Renacimiento llega a Segovia de la mano de Francisco de Mora, con intervenciones clave en el Alcázar y el Real Ingenio de la Moneda, uno de los edificios industriales más antiguos de Europa.

 

Barroco

El Barroco transformará notablemente la fisonomía urbana. Las órdenes religiosas impulsan la construcción de grandes conventos e iglesias, mientras que en la arquitectura civil se generalizan las viviendas organizadas en torno a patios, con galerías de madera y fachadas más sobrias. El urbanismo barroco tiene su máxima expresión en la Plaza Mayor, auténtico corazón de la ciudad.

 

Neoclasicismo

Durante los siglos XVIII y XIX, el Neoclasicismo deja intervenciones puntuales en una ciudad que conserva su trazado medieval. Destacan obras como el Retablo y Trascoro de la Catedral, la Casa de la Química, la verja del Alcázar o actuaciones en la Casa de la Moneda. Arquitectos como Juan de Villanueva, Ventura Rodríguez o Sabatini dejaron su impronta en esta etapa.

Segovia en los siglos XIX y XX: transformación urbana y arquitectura contemporánea

1840–1870: reformas urbanas y nueva imagen de la ciudad

A mediados del siglo XIX, Segovia inicia un proceso de modernización que afecta especialmente a la imagen de sus edificios históricos. En estos años se generaliza el uso de revocos y esgrafiados en las fachadas, y muchas ventanas tradicionales se transforman en balcones, dotando a las calles de una mayor luminosidad y uniformidad estética. Es también en este periodo cuando se crea la figura del Arquitecto Municipal, clave en la ordenación y conservación del patrimonio urbano.

Entre los profesionales más destacados de esta etapa figuran Ildefonso Vázquez de Zúñiga, José Asensio y Miguel Arévalo, así como los maestros de obras José María Pérez, Manuel González del Valle y Tomás de la Plaza, responsables de numerosas intervenciones que definieron el paisaje urbano de la Segovia decimonónica.

1870–1913: eclecticismo, historicismo y restauración monumental

Entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, Segovia vive una etapa de transformación urbana caracterizada por la simetría, la regularidad y el orden, siguiendo los principios del Eclecticismo y el Historicismo, estilos predominantes en la arquitectura española del momento. Destaca la figura de Joaquín Odriozola y Grimaud, arquitecto municipal entre 1870 y 1913, cuya influencia fue decisiva en la configuración de la ciudad moderna.

Junto a Antonio Bermejo Arteaga, Odriozola participó en importantes obras de restauración del Alcázar de Segovia, uno de los monumentos más emblemáticos y visitados de la ciudad. Estas intervenciones marcaron el inicio de una nueva sensibilidad hacia la conservación del patrimonio histórico.

1913–1940: racionalismo y planificación urbana

Tras el fallecimiento de Odriozola en 1913, los arquitectos Cabello Dodero y Benito de Castro asumieron el cargo de arquitectos municipales. Durante este periodo se introducen en Segovia los principios de la arquitectura racionalista, visibles en edificios que hoy forman parte del recorrido urbano de la ciudad.

Entre los ejemplos más destacados se encuentran el edificio proyectado por Casto Fernández Shaw en la Plaza del Corpus, ejecutado por Manuel Pagola Bireben, arquitecto municipal entre 1922 y 1943, así como el inmueble diseñado por Jesús Carrasco Muñoz en la calle Juan Bravo, una de las vías comerciales más importantes del casco histórico de Segovia.

A esta etapa pertenecen también el Plan de Mejoras Urbanas de 1927 y el diseño de la Colonia Varela, que reflejan los primeros intentos de planificación moderna y ordenada del crecimiento urbano.

De la posguerra a finales del siglo XX: crecimiento y reforma interior

Tras la Guerra Civil, Segovia experimenta un desarrollo urbano moderado, centrado en la reforma interior de la ciudad y especialmente visible en el entorno del Acueducto de Segovia, principal icono turístico. En el arrabal de San Millán, antiguas calles como Perocota, San Clemente y Asunción fueron sustituidas por la actual Avenida de Fernández Ladreda, eje fundamental de comunicación.

Durante estas décadas se abren nuevas vías para mejorar la accesibilidad, como la carretera de Boceguillas (Vía Roma) y la de La Granja (Avenida de Padre Claret). En este contexto surge la Plaza Oriental, fruto de un importante proceso de derribo del caserío preexistente, que transformó profundamente esta zona de la ciudad.

1960 y 1970: expansión urbana y arquitectura en altura

Las décadas de 1960 y 1970 marcan el periodo de mayor expansión urbana de Segovia, con un notable crecimiento del extrarradio y la proliferación de construcciones en vertical. Aunque la prioridad fue responder a la demanda de vivienda, se llevaron a cabo algunas intervenciones arquitectónicas de interés, como las de Joaquín Aracil en los bloques del Taray, o las de Francisco Inza y Dolls Morell en la antigua fábrica de embutidos El Acueducto.

Segovia en la actualidad: equilibrio entre modernidad y patrimonio

En las últimas décadas, Segovia ha orientado su desarrollo hacia la protección del patrimonio histórico y el urbanismo sostenible, apostando por la rehabilitación del casco histórico y la mejora de los espacios públicos. La declaración de Segovia como Ciudad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO ha reforzado esta estrategia, consolidando la ciudad como un referente del turismo cultural en Castilla y León.

Hoy, Segovia ofrece al visitante una lectura completa de su evolución urbana, desde la arquitectura histórica hasta los ejemplos más representativos de los siglos XIX y XX, integrados en una ciudad viva que sigue adaptándose a las necesidades del presente sin renunciar a su identidad.