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Santo Domingo llega a Segovia en la Navidad de 1218 en el momento de fundar el que sería el primer convento de frailes dominicos de España. Suponemos que elige nuestra ciudad por indicación de su compañero de viaje, Fray Domingo de Segovia o El Chico, natural de nuestra ciudad. Su estancia en Segovia está acompañada de distintos milagros del Santo  que atienden a necesidades concretas de los segovianos de ese momento, como el milagro de la lluvia, con el que Dios socorrió a los segovianos por intercesión de Santo Domingo. La Acogida de la ciudad al santo fue tan grata y sincera que pasadas las navidades y habiendo consolidado la fundación, partió para Roma y un año más tarde, el 23 de marzo de 1220 consiguió del Papa Honorio III una bula para la ciudad de Segovia en agradecimiento a la acogida que los segovianos le dieron a él y su frailes. 

Santo Domingo busca para sus conventos el cetro de las ciudades; sus frailes se forman en las universidades y entablan diálogos con los hombres de las nacientes ciudades del siglo XIII. En Segovia no será así. Aquí Santo Domingo encuentra un lugar retirado, una gruta natural fuera de las murallas, situada en la pendiente que desciende de la ciudad, por la puerta de San Cebrián cerca del río Eresma, donde se produce el entorno propicio para hablar con Dios para luego hablar de Dios a todos los hombres y mujeres.  Pronto, ese lugar testigo de su vida de penitencia y oración se convertiría en un lugar sagrado: la Santa Cueva. 

LA CUEVA 

Al llegar al recinto de la cueva, llama la atención el silencio que llena este lugar y comprendemos algo de lo que pudo encontrar Santo Domingo en este espacio. La entrada de la Cueva la constituye un pórtico de estilo gótico isabelino, enmarcado en un arco conopial, con un medio relieve que representa
a Santo Domingo de Guzmán en el centro, llevando
en su mano izquierda una cruz mientras con la derecha nos la muestra. El santo pisa a dos raposas (iconografía de la herejía) que están sujetas por dos perros, símbolo de fidelidad de los guardianes de la Iglesia y el Evangelio. Sus collares llevan la escrita la palabra “Inquisitio”. A los lados de la cruz los escudos
de los Reyes Católicos de los que salen unos brazos que ayudan a Domingo a sostenerla, símbolo de la protección y apoyo de estos monarcas a la
Iglesia y más concretamente a la Orden Dominicana. 

Encontramos nada más entrar la Capilla de los Reyes Católicos, cubierta por una bóveda en forma de estrella en estilo ojival; en cada una de las cuatro esquinas hay, a su vez,  unas pequeñas bóvedas. Los nervios están sostenidas por ménsulas  en las que se representan los escudos de los Reyes Católicos, ángeles que sujetan los símbolos de los monarcas del yugo y las flechas, y escudos de la orden dominicana. La capilla está presidida por un retablo barroco de madera policromada que acoge en su centro un calvario del siglo XVI y de autor desconocido. 

La Cueva como tal, es una capilla rectangular, cubierta por una bóveda de medio cañón recubierta con una armadura de madera dorada y policromada de estilo churrigueresco. En el centro del altar  una hornacina representa una gruta en la que está Santo Domingo  de Guzmán disciplinándose frente a Cristo crucificado (1600, autor  desconocido). A la derecha, encontramos una figura de Santo  Domingo con el hábito de fraile dominico, atribuida a Sebastián de  Almonacid (1460 – 1526),”... el rostro es la característica más  personal de este Santo Domingo... sus ojos abiertos contemplan con mirada profunda y compasiva...”.

Merece la pena disfrutar de la paz que se respira en el interior de la Cueva y de las vistas que nos ofrece el jardín. 

CONVENTO DE LA SANTA CRUZ 

El convento fundado por Sto. Domingo fue sustituido por otro de mayor esplendor arquitectónico construido por los Reyes Católicos y que los frailes quisieron edificar junto a la Cueva porque guardaba el espíritu y la sangre del Santo, bajo la advocación de la Santa Cruz. La iglesia, construida por los Reyes Católicos, semeja a “un túmulo con sus blandones, que son los pináculos”. La portada, compuesta según los cánones de la época, pertenece al último período del estilo  gótico; en el tímpano hay un relieve con una Piedad flanqueada por  las estatuas orantes de Isabel y Fernando. El templo es de una sola  nave, con capillas al lado de la epístola y cubierto de bóvedas de  crucería. 

La expulsión de los frailes del Convento de Santa Cruz, con la exclaustración de 1835, significó una pérdida como fuente de espiritualidad. El convento pasó a manos del Estado y se utilizó, primero como hospicio y más tarde como residencia de ancianos. De la Cueva de Santo Domingo se ocuparon las monjas dominicas junto a muchos fieles seglares y mantuvieron encendida la antorcha de esa presencia dominicana. 


En la actualidad el antiguo Convento de Santa Cruz se ha convertido  En un centro universitario (IE University). La Cueva, propiedad de los dominicos, sigue conservando su sentido religioso dominicano. En  ella se celebra culto en torno a la fiesta de Santo Domingo, el 8 de agosto y se celebra la Eucaristía una vez al mes. 

PUERTA DE SAN CEBRIAN 

La Puerta de San Cebrián es uno de los 13 accesos con que contaba  la muralla medieval, de los que cinco eran puertas y ocho postigos.  La de San Cebrián es una de las 3 puertas que se conservan. Está  situada al norte de la ciudad y recibe su nombre de una ermita que  se levantaba en las inmediaciones. Comunicaba la ciudad con el  valle del Eresma a la altura del convento de Santa Cruz la Real. Era  la entrada a la ciudad desde el barrio de San Lorenzo, desde donde  partía el camino hacia tierras de Pedraza y  Sepúlveda.

CONVENTO DE SANTO DOMINGO EL REAL 

Posterior a la fundación del convento de dominicos fue la del femenino de esa Orden, pero no consta noticia de ello hasta 1345,  cuando el rey Alfonso XI de Castilla le otorga privilegio de portazgo y otras mercedes. Colmenares apunta que, por su ubicación, cerca del inicio de los arcos del Acueducto, apartado de la ciudad al oriente,  se le conocía como Santo Domingo de los Barbechos.Los más de dos siglos de estancia allí se debieron a la carencia de medios económicos para comprar casa intramuros. 

Fue el 13 de junio de 1513 cuando se trasladaron a la actual ubicación. Al conjunto de edificios adquiridos se le conocía como las Casas de las Torres, por las dos que poseía, de las que hoy sólo queda la conocida como Torre de Hércules. La torre conserva valiosas pinturas moriscas. 

En el interior del templo destaca el retablo plateresco del taller de Gaspar  Becerra. 

Las Madres Dominicas realizan labores de artesanía entre las que destaca la reproducción de esculturas y relieves religiosos, siguiendo técnicas de los s.XV y XVI, con las que crean obras de gran  calidad destinadas a la venta. 

 

Textos: Ester Bermejo y Alberto Herreras. 

Para más información descargue el folleto completo aqui 

 

 

 

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